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Colorea cantando.

Crecer en un ambiente donde reinen la espiritualidad y los afectos es una buena manera de prepararse para andar por la vida. Quienes hemos tenido esa experiencia, lo sabemos y agradecemos.

Por eso constituye un placer presentar estas páginas, que reúnen la buena voluntad de seres humanos unidos por la amistad y el deseo de servir, en el sentido martiano de la palabra.

Aquí encontrarán un puñado de canciones donde vibra el alma de Ada Elba Pérez, ya sea porque las compuso íntegramente (como sucede con la mayoría), ya sea porque lo hizo junto con Liuba María Hevia, o simplemente porque se las inspiró a esta artista, que se ha convertido en una verdadera privilegiada del público, y muy especialmente del público infantil.

Con la propia Ada, instructora de arte, inició Liuba en la década de los 90 un trabajo social a través del arte y la cultura. Hospitales pediátricos, escuelas especiales, hogares de ancianos, recibieron el beneficio de su juvenil compromiso.

Ese trabajo, apenas conocido públicamente, realizado con gran humildad,  ha seguido madurando y es ya parte imprescindible de la labor profesional de Liuba. Incansable, paciente, sensible, la hemos visto entregarse a quienes, por diversas razones, necesitan más de su aliento: magnífica oportunidad para contribuir a la satisfacción de sus derechos y al cultivo de los mejores valores humanos.      

Sabemos que disfrutarán de este regalo para todas las edades. En él, se suman al ya reconocido talento de la trovadora el de otras dos artistas: Ivette, que ha puesto su maravillosa capacidad de fabular, e Iris, que aporta la poesía salida de sus manos.

Sabemos que esta travesía mágica a través de la lectura, el canto y las artes plásticas, servirá para disfrutar y aprender, lo que no es poco. Pero también,  que nos llevará más lejos, multiplicando el amor y la utilidad de la virtud.

Tania T. Licea Jiménez

Oficial de Programas, UNICEF Cuba